A QUARTER DOLLAR O 25 CENTAVOS

 

 

20 de Enero de 2008 fue el d’a en el que por solo 25 centavos disfrute de la mejor experiencia vivida hasta el 9/12/2008, ya que ese d’a supe que hab’a algo mejor todav’a, naci— mi hijo Nicol‡s.

 Ya la noche anterior mientras ve’amos nevar desde los pasajes de la zona comercial de Snowmass Village y decid’amos que comprar para cocinar algo en nuestros acogedores apartamentos, donde como cada noche hab’amos dejado encendida la chimenea para crear el ambiente ideal para disfrutar de una o varias budweiser, que se enfriaban al fr’o de la terraza, coment‡bamos que al d’a siguiente la elecci—n era acercarnos a Aspen Highlands. Tras haber disfrutado del bautismo en Snowmass, simplemente espectacular, recrearnos con la nieve en un d’a cerrado entre los bosques de Buttermilk, donde los d’as de nieve la visibilidad es perfecta, y haber alcanzado la mas indescriptibles sensaciones, eso cre’a yo, bajando las pistas de Aspen y paseando despuŽs de un gran d’a de esqu’ por sus calles, s—lo nos quedaba conocer los Highlands, segœn nos comentaban el macizo m‡s dif’cil, aunque con esa nieve powderÀque es lo dif’cil?.

Los Highlands, ese nombre me recordaba a Escocia, y por supuesto a sus whiskys que probŽ cuando un verano los recorr’ con Alicia. Ahora s—lo pronunciar Highlands me recuerda a todo lo que pas— aquel 23/01/2008 y que a continuaci—n os voy a relatar.

 

Como todos los d’as, los nueve espa–oles, Jota, Pablo, Fosi, Sergio, Carlos, Kinder, Mercedes, Alicia y yo(Luis),   que viajamos ese maravilloso enero a los Estados Unidos, buscando la nieve, que en Europa esa temporada escaseaba, quedamos a las 8:00 para coger el autobœs que nos llevar‡ a la estaci—n elegida, Aspen Higlands. Lo cierto es que pese a tener coches, el transporte funcionaba tan bien que era lo m‡s c—modo, incluso esos d’as en los que coincidimos con los Winter X Games, eso podr’a ser motivo de otro relato, bueno a lo que vamos que me pierdo entre tantos recuerdos. Las premisas las de siempre, todos a las 8:00 desayunados y equipados para pasar todo el d’a esquiando sin parar, en la parada del autobœs. Como siempre alguno lleg— tarde, eso penaliza con que te pierdes las primeras bajadas con la nieve virgen y las pistas vac’as, luego se reenganchan, pero lo pasado no vuelve,ÉEmpezamos a las 9:00 a esquiar, tras haber tomado un cafŽ con el embassador de la estaci—n, por cierto extraordinaria figura, un 10 para los gestores de la estaci—n, y tras concretar el punto de encuentro para la ruta guiada, hora de inicio 10:30, comenzamos los descensos. A las 10:30, reagrupaci—n y visita guiada, nuestro embassador, bueno embassadora, se present— como Hello Kitty, casco rosa, rubia, entradita en a–os y muy agradable y divertida, en el lugar de su foto del forfait de embassador, una foto de Paris Hilton , y como herramienta para deslizarse por la nieve, una tabla de snow. Con los 9 conform— el grupo r‡pido como ella dijo y empezamos a conocer la estaci—n, ÁÁÁÁÁ como esqu’a la amiga!!!! Y eso si que era ir r‡pido, pistas y pistas, vistas, historias de pistas sobre antiguas minas, espectacular, realmente el que vaya a Aspen no debe perder la oportunidad ad de que estos agradables americanos le ense–en cada una de las cuatro estaciones, mas de dos horas de buena

compa–’a  ense–‡ndote los rincones y las mejores pistas y en cima gratis. En un de las pistas, con ba–eras que nos cubr’an de cuerpo entero, Hello Kitty para indicarnos como llegar a un restaurante que hay en las pistas, al cual no se accede con ningœn remonte, y donde segœn ella est‡ el mejor cocinero de Aspen, casualidades de la vida que en ese preciso instante bajan dos locos snows por la pista, sorteando las ba–eras y l llegar a nuestra altura , se paran y saludan a H.K, pues s’, su amigo el cocinero, se ponen a hablar entre ellos y se emocionan, de su americano coloquial s—lo entend’, today is de day of Highland Bowl, great!!!!!!!!!!. All’ mismo reservamos para comer el viernes, pero yo que ya me hab’a fijado en el plano de pistas en las double diamond y en especial en el sector denominado Highland Bowl no pude evitar preguntarle a H.K si nos pod’a llevar all’, me contesto que pod’amos, salt‡ndose las normas, probar alguna double diamond pero que a la H.B. no, pero que ten’amos nivel para intentarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Highland Bowl, el œnico sector de esqu’ extremo del mundo que cuenta con servicio de rescate asegurado, se accede con un tractor de orugas y despuŽs andando eliges por donde bajar, se sale a travŽs de una silla, una œnica silla llamada Deep Temerety..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

As’ que tras consensuar con el grupo, no todos quer’an una double diamond, continuamos con la visita, y una vez nos despedimos de H.K, unos pocos fuimos a probar las double diamond, altamente recomendables, impresionantes, gozosas, nieve hasta en el blanco de los ojos, dentro de los pantalones, de la chaqueta, del casco, nieve por todas partes, deslizarse por el para’so, as’ que me dije ahora que tenemos las piernas calientes a por la Highland Bowl, sorpresa nadie se apuntaba, demasiado miedo les hab’a metido H.K, as’ que dije, no vaya a ser que se meta un temporal y no esquiemos m‡s que quede con ellos en la base de la estaci—n cuando cerrasen las pistas y empecŽ a enlazar remontes  para llegar a la zona de espera del tractor.

 

Durante el camino empecŽ a concentrarme, no quer’a que aquello se convirtiese en una mala experiencia, as’ que com’ algo y beb’ un poco de agua, por supuesto aprovechando la subida en alguna silla. Se estaba levantando algo de viento, eran cerca de las 14:30, pero las condiciones de visibilidad eran buenas, deb’a de llegar pronto , antes de que cerrasen el enlace con el Snowcat que me acercar’a a elegir lo que m‡s tarde ser’a el mejor descenso de mi vida y todo gracias a s—lo 25 centavos o a quarter dollar.

 

Todo lo que rodeaba aquel trayecto hacia el Highland Bowl confirmaba la fama que esa zona tiene, el est—mago se me encog’a por momentos y el deseo de empezar el descenso aumentaba por momentos, cuando llegue a la zona de recogida del snowcat hab’a otras 5 personas esperando, no se si se conocer’an entre ellas, pero lo cierto es que la tensi—n era tanta que cuando soltŽ el t’pico saludo americano, Hi, lo m‡ximo que recib’ fue un asentamiento con la cabeza de uno de los chicos, el resto ni se inmutaron, estaban totalmente concentrados. Desde la zona de espera se ve’a el camino trazado por el Snowcat, que deb’a estar volviendo de acercar a algœn otro grupo de gente hac’a la cresta donde cada uno anda por ella hasta elegir por donde descender, todav’a no se le ve’a venir, los minutos de espera eran eternos y los 6 que est‡bamos all’ no habr’amos ninguno la boca, ni siquiera para hablar del tiempo, mas que 6 esquiadores esperando la llegada del Snowcat, parec’amos los 6 del pat’bulo. De repente a lo lejos se ve la silueta del tractor, viene deprisa, levantando nieve y desafiando el ancho de la cresta, parec’a que ese trasto pod’a caerse por uno de los bordes en cualquier momento y en breve me tendr’a que subir e el , sumando tensi—n al asunto. Los que est‡bamos esperando nos acercamos al ÒembarcaderoÓ de nieve y all’ con los esqu’es en la mano observamos la maniobra del tractor para colocarse en direcci—n de subida. Hac’a bastante fr’o, f‡cil que 7-8¼ bajo cero,  pero mas fri— era el ambiente, el snowcat, una especie de budozer adaptado, con una cesta en la parte trasera para transportar a las personas y un par de Òtele arrastresÓ en el culo donde se engancharon dos pisteros que llegaron en ese momento se paro, se abri— la puerta y de el bajo el mas genuino de los mineros americanos que pueda quedar en ese pa’s, un t’o, con barba y pelo blanco,sombreo de ala ancha de cuero curtido por el tiempo, peto vaquero, botas y camisa de le–ador remangada hasta el antebrazo, joder con el fr’o que hacia, mascando tabaco y balbuceando cosas que no logre entender con mi inglŽs de academia, pero vamos que me parec’a el minero loco o el enterrador loco, y yo le entend’, Òsubir ,subir que ya verŽis lo que os espera,ja,ja,ja,..Ó. Bajo la trampilla que se apoy— en la nieve y los subimos y nos sentamos, mirando hac’a abajo y agarrando los esqu’es con fuerza, ser’an ellos los que nos sacar’an de all’. Cualquiera que hubiese visto la imagen hubiese dicho que est‡bamos rezando, puede que no se equivocase.

El Snowcat se puso en marcha, ya no hab’a vuelta atr‡s, a ambos lados un abismo de nieve nos esperaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando el  Snowcat se detuvo, el minero bajo de su cabina y baj— la compuerta, por ah’ salimos e inocentemente preguntŽ, Àesta es la œltima parada?, nadie me contest— pero estaba claro, un poco mas adelante una caseta de madera marcaba el punto donde el camino se estrechaba de manera que podr’an cruzarse dif’cilmente dos personas, desde ah’ andando y a elegir la zona por donde descender.

El Snowcat se retir— y me quede observando el impresionante paraje en el que me encontraba, todo absolutamente lleno de nieve, aparentemente sin que nadie la hubiese tocado, no se ve’a ni una roca y el circo que formaba el Highland Bowl era si cabe m‡s impresionante desde all’. Cuando me quise dar cuenta el resto del grupo hab’a empezado a caminar buscando por donde empezar su descenso y alguno incluso ya estaba bajando, as’ que emprend’ la marcha y fui parando en varios sitios pero no me decid’a a bajar por ninguno, no quer’a equivocarme y elegir una mala zona. El sol se hizo hueco entre las nubes y empez— a calentar tibiamente , un poco mas adelante algo brillaba en el suelo, me acerquŽ hasta all’ y en el suelo hab’a una moneda de 25 centavos, a quarter dollar, esa se–al me indic— que ese era el sitio.

Me puse los esqu’es y concentrado empecŽ el descenso, a partir de ah’ todo lo que recuerdo es nieve, el viento, la sensaci—n del viento y el sonido combinado de los esqu’es sobre la nieve, plena libertad..

Cuando me quise dar cuenta estaba en el fondo del valle, ya hab’a bajado la inclinada pala y empezaba a deslizarme por la suave pendiente, trazando grandes curvas, con la nieve por la cintura y salpic‡ndome la cara, la sensaci—n de haber alcanzado la plenitud del esqu’ se acercaba cada vez mas, no creo que volviese a sentir las sensaciones que estaba sintiendo en ese momento, todo formaba un c—ctel irrepetible, pero todav’a quedaba el fina.

El peque–o valle desemboc—  una zona de bosque, bastante inclinada y con la œnica referencia de seguir bajando empecŽ a sortear los ‡rboles, completamente cargados de nieve, fue en esa zona donde me crucŽ con uno de los compa–eros del Snowcat, no nos dirigimos la palabra, no hizo falta, su cara era el fiel reflejo de la felicidad absoluta, la m’a, reflejada en el cristal de sus gafas lo mismo. Cada uno continuamos por nuestro camino.

 

Una soga atravesada de pino a pino indicaba que no se deb’a seguir bajando sino quer’as perder el enlace con la silla y la pendiente de un estrecho camino en la que se apreciaban trazadas de otros esquiadores el camino hacia la silla. Por desgracia el descenso hab’a terminado, por suerte sin ninguna ca’da grave y seguro de haber realizado lo que todo amante del esqu’ concibe como la bajada de subida. En la silla de retorno fui observando otras pistas, todas ellas double diamond y por supuesto recapitulando y almacenando en mi memoria todos las sensaciones captadas por cada uno de mis sentidos. El camino de regreso hac’a la base de la estaci—n se me hizo muy corto, cuando llegue all’ me esperaban el resto de mi grupo, entre ellos mi mujer que al verme sano y salvo cambi— el semblante, cuando llegue lo primero que dije fue,ÓESPECTACULARÓ . Ya subidos en el autobœs les contŽ todo lo que hab’a sentido y vi en alguno de ellos ciertos s’ntomas de arrepentimiento por no haber venido, no pasaba nada yo ya ten’a en la cabeza que el œltimo d’a volver’amos a Aspen Highlandas, repetir’a el Highland Bowl y comer’amos en el restaurante que nos aconsej— H.Kitty. El que quisiera de verdad no volver’a a Espa–a sin sentir lo que yo hab’a sentido, todos ten’an suficiente nivel para intentarlo, ya lo dijo H.Kitty.

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese d’a otros cuatro espa–oles me acompa–aron y me agradecieron enormemente que les insistiese en haber venido, cada uno disfrut— el Highland Bowl a su manera pero todos llegamos llenos de esqu’, rebosantes.

Yo tambiŽn tengo a quien agradecer, gracias H.Kitty, gracias Giora, gracias a todos los del grupo y al que tir— all’ la moneda de 25 centavos .

 

 

                                                                                       Luis Angel  Escalante AndrŽs.

 

                                                                                                            30/12/2008